martes, 16 de octubre de 2018

Marcha BTT Chera



Seis valientes fueron a completar el recorrido de la Marcha BTT Chera (Circuito Serranía BTT), uno de los más bonitos, con la presión de acabarlo antes de que las inminentes lluvias empezasen a descargar: Joseph, Rado, Nico, Arturo, Carlos y yo.
Seis valientes que se vieron recompensado su esfuerzo con el premio de acabarla sin incidentes, con algún regalito del sorteo final y, casi lo más importante, sin mojarse (salvo en el momento de cargar las bicis en los coches).



Vamos que nos vamos. Puntuales, a las 9:00, nos daban la salida neutralizada detrás de unas bicis eléctricas (eso dijo el speaker), pero entre como son las salidas y que en esta ocasión se sale cuesta abajo... pues de neutralizada tuvo bien poco, al menos en la parte trasera del pelotón que cuando nos dimos cuenta, ya habíamos cruzado el barranco del Agua y estábamos sobre el camino de Chera o la Ruta de los Tres Picos (PRV-101), es decir, en la antesala de la subida al conocidísimo Ropé.
Para hacerse una mejor idea: en los primeros 7 km íbamos a cubrir casi la mitad del acumulado de la marcha.



El tiempo no parecía estar muy de nuestro lado esta mañana. Mucha niebla en esta parte ascendente, pero el perfil no iba a cambiar por la meteorología... En definitiva son dos tramos de ascensión: uno inicial más intenso de 2,5 km (6,5% de media), con una zona donde bien se escuchaba el crujir de las bicis, señal de que la gente estaba apretando de lo lindo sus monturas para superar esos 1300 m al 9% de media. ¡Ah! Y más valía quedarse con la copla de como era este primer sector de la subida, porque habría que hacerlo de nuevo en el segundo bucle... Mejor no pensar.
La segunda parte vendría tras una zona de enlace que permitía volver a respirar (sí, hay que hacerlo de cuando en cuando), antes de coger fuerte el manillar y combatir esos 3 km al 8,5% de media.
Lo bueno de la niebla, es que no podías ver el reguero de corredores delante de ti ni tampoco por dónde tenías que ir subiendo. Lo malo es que no te podías hacer una idea de lo que te quedaba por subir y se hacía interminable.



En el cruce con la Cañada Real de Castilla (máxima cota de la jornada con 1073 metros), tal y como se nos dijo en la salida, estaban los voluntarios con el primer avituallamiento... señal de que el sufrimiento había terminado, por ahora.
Valía la pena coger una de las botellas de agua, porque soltar la mano del manillar en ese camino tan roto, ganando velocidad... sólo para expertos. Y hablando de agua, ese era el nombre del barranco al que llegamos por una senda (exacto, el mismo que cruzamos nada más empezar la marcha).
Algunas secciones con un grado extra de dificultad que crearon algún tapón, ocasionaron alguna caída que otra, pero se bajaba bien, siguiendo el curso del barranco, hasta entrar en el pueblo bajando escalones en la Selveta, serpenteando entre árboles...
Realmente entretenida esta parte final del barranco.


A ver esa capacidad de retentiva: ¿qué había que hacer al empezar el segundo bucle? No os habéis despistado, eso es: subir de nuevo hacia el Ropé. Cómo se quedan las piernas después de estar tanto tiempo bajando, ¿verdad? Pues explícaselo a ellas, porque tenían que hacer casi 3 km al 6,5% de media hasta el cruce con el cordel de la Ceja de Mas del pinar. Allí una buena gente nos desviaba a la derecha a la vez que decían: ¡Ahora para abajo! Y es que empezaba una senda por las Umbrías de Meidén.
Trocha con solo un solo punto a prestar especial atención (un largo tobogán con escaloncitos) y de repente tenías la mesa del segundo avituallamiento en el camino del Pico.



Así de refilón enganché un par de trozo de sandía que dio tiempo de hasta saborear porque había tiempo antes de llegar al tercer de los cuatro 'picos' del recorrido. Además la subida estaba bien diseñada: primero una aproximación por pista ancha, con una pendiente llevadera, luego una zona de llaneo que mutaría en una rampa de 900 m al 9% de media (ouyes!).
En esta última parte enganché con un par de Xipirons, compañeros de ruta como en Sot de Chera, y lo celebramos disfrutando de la senda que baja por el Estrecho de la Hocecilla.



Con la promesa de dejarlos en buen lugar en la crónica nos metimos en paralelo a la CV-395, para afrontar la parte más escarpada del día (al menos hasta ese momento), donde había que ir jugando con la técnica, desarrollo y fuerza para superar unos cortos pero intensos rampotes y una Z con escalera incluida. Lo siento Ibán, este año tampoco la completé subido en la bici, pero la bajada hasta la presa del embalse de Buseo... perfecta.



Para mi gusto, una de las partes más bonitas del Circuito Serranía BTT es este paso por la presa, que tiene a un lado las aguas del Reatillo y al otro las del río de Sot, metiéndose en el desfiladero del Tormagal.
Un buen lugar para tomar fotos de los corredores, que seguíamos buscando la meta rodeando el embalse por la derecha, aunque este año algo menos. Una lástima ver tan poca agua y con mucha menos vegetación. No hubo paso por la losa, porque se 'podía rodar' por el lecho y llegar a la zona de acampada de igual manera.



Con un ojo puesto en el ancho camino que picaba hacia abajo y otro en los coches  o campistas que pudieran aparecer, rodamos rápido hacia la cola del embalse. Nos dimos cuenta de que nos faltaban unos 8 km para acabar y nos faltaban como 300 metros de acumulado, de modo que antes de que llegara el momento en el que solo nos iba a importar la cadencia, nos hicimos la foto-recuerdo.



Tercer avituallamiento cruzado el Reatillo, cartel de 30 km y el camino ganaba pendiente dejando La Corraliza a nuestra izquierda. Tenía que hacerlo para llegar al acumulado... Dos kilómetros con diferente pendiente (al 8% y 6,5% de media) que acababa en un liso asfalto que, de repente, te dejaba ver los tejados de las casas de Chera.
Ay de ti si lo habías dado todo y no te quedaba una rayita de reserva en tu contador de combustible.


Flecha de cal en el suelo que apuntaba a la derecha. Pero, ¿por dónde?, pensabas... pues por una trialera (por no llamarlo pared) de 150 metros (16% de media) que estaba dibujada entre los arbustos. Para mear y no echar gota.
Menos mal que la bajada, por single track, apuntaba de nuevo a Chera.
(Colleja) ¡¡Que te sigue faltando desnivel!!



Entonces completamos un pequeño circuito por los arrabales del pueblo, entre cintas naranjas, bajando... lo que hacía presagiar una sorpresica final, como el último masclet de una traca. Y así fue.
Tuvimos que escalar el último escollo de unos 700 m para ganarnos el derecho de que nos quitasen el dorsal. Eso sí, la entrada hacia meta, con la gente sentada en las terrazas de los bares, animando... hacía que se te olvidasen (casi) los 35 km que llevabas en los cuádriceps.



Lo importante ahora era comentar la jugada con los tuyos: que si tiempos, que si la bajada de aquí, pues el rampón de allá, saludar, buscar sitio para dejar la bici, comer esa torta de chocolate, recoger el premio del dorsal (enhorabuena, Rado)... todo quizás con un poco de prisa porque la lluvia se acercaba y acabó llegando, pero cuando ya todo el mundo había llegado a meta. Por cierto, que así es como quedamos:


Bonita marcha, asequible, con su pimienta a veces pero que te deja muy buen sabor de boca. Objetivo para el año que viene: bajar esa dichosa Z del tirón.

Gracias, por otro lado a los supporters que vinieron a Chera y, por descontado a DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankers, Talleres Gonzalo y digitis. Si no fuera por vosotros...

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Si quieres ver las fotos de la prueba, las tienes en la galería.

Aquí puedes descargar el track de la marcha.



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Crónica de Paco Pérez.
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