jueves, 2 de junio de 2016

CORRIENDO BAJO EL DILUVIO. MARCHA CICLOTURISTA ALBERTO CONTADOR

Que coincidan una marcha cicloturista y un día de perros equivale a “ciclismo con mayúsculas”, “épica” o simplemente “sacrificio personal”. 
Vas en el coche camino de la salida y te autoconvences diciéndole al compañero que has venido a correr y a terminar, pase lo que pase, aunque la incertidumbre que provocan los agentes externos que no podemos controlar está presente.

Con este panorama, nos plantábamos en Cuenca, en la salida de la Marcha Cicloturista Alberto Contador, con 196 kms de recorrido, 2550m de desnivel acumulado, y una altitud que se movía entre los 1200-1700 m, que viene a ser la habitual en etapas alpinas y pirenaicas de las grandes vueltas. 
Pues allí estaba el TEAM DOYOUBIKEB-PACOM representado por mi mismo, Rafa “el fisio”, inconsciente de lo que se me venía encima. 
Una marcha esperada

La salida, siempre nerviosa, tenía su dificultad física y técnica con la subida empedrada a la catedral, para después bajar por una sinuosa carretera. Puedo decir, que en los primeros tres o cuatro kms ya hubieron varias caídas, fruto de los nervios, la ansiedad por estar delante, y sobretodo la carretera mojada. 

Cuando llegábamos a la Serranía de Cuenca, la lluvia ya era intensa, y así seguiría durante los siguientes 150kms, chaparrón tras chaparrón. 
En mi caso, el impermeable fue efectivo hasta el km 70, tras el tercer o cuarto diluvio que me caía encima. 
Puedo decir, que la verdadera marcha empezó justo en el momento en que noté como el agua se abría camino entre la ropa y me empezaba a calar. 
Desde ese momento, ya no importaba nada, ni el desnivel, ni los puertos, ni nada más que un frío intenso que se apoderó de mi. 
En el avituallamiento del km 90, me preguntaban que quería y no podía hablar, y mis manos temblaban sin control. Fue el momento clave, el momento del sí o el no. 
Aun no sé cómo, ni porqué, al acabar con un sándwich me subí a la bicicleta y seguí pedaleando. 
El objetivo no estaba muy claro, solo órdenes básicas y simples ¡seguir! ¡hacia delante! ¡pedalea! Así, fueron pasando kilómetros, fueron cayendo minutos... y mi mente se repetía “soy ciclista, soy ciclista, ...”. Yo no lo sabía pero cuando padeces un frío intenso, toda tu musculatura se contrae sin que puedas hacer nada, la mandíbula se bloquea, los antebrazos, los pectorales, los intercostales,en tensión máxima, puedo decir que dos días después siguen las agujetas.
Todo esfuerzo tiene recompensa

Finalmente, todo salió bien, aunque vi pasar muchos coches cargados con bicicletas y varias ambulancias camino de Cuenca. 
Darles ánimos a los que no acabaron y felicitar a los que si lo hicieron.
La verdad es que ésta es una historia para recordar, que se queda en mi bagaje personal.

La organización estuvo muy bien en lo que a mi respecta. Todo correcto. 
Los voluntarios de los avituallamientos se lo curraron, muy atentos y comprensivos con los ciclistas haciendo todo lo posible por ayudar. 
Como no, dar las gracias a los patrocinadores DOYOUBIKE y PACOM, parte capital en esta gran experiencia. 
Esta carrera quiero dedicársela a mi padre, ciclista de la vieja escuela, que me enseñó todo lo que sé tanto de ciclismo, como de la vida: esfuerzo, sacrificio y coraje.

¡Hasta pronto!



Crónica por: Rafa Abril
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