jueves, 15 de noviembre de 2018

La penúltima: Marcha BTT Aras de los Olmos



Los kilómetros no son un obstáculo si te empeñas en pedalear. No me refiero a la distancia que cubras con la bici, si no a lo lejos que tengas que ir para disfrutar de tu deporte favorito. A las pruebas me remito. Aras de los Olmos, la prueba más lejana del Circuito Serranía BTT y ni más ni menos que 17 de los nuestros nos desplazamos para allá. 17, que se dice pronto... y con un excelente equipo de apoyo
Es cierto que unos madrugaron más que otros, porque la 'fiesta' empezó en día de antes. Parte de la expedición buscó alojamiento el sábado y pasó allí la noche. Al resto de los mortales nos tocó poner las calles y conducir de madrugada.



Sea como fuere, a las 9 (incluso antes) ya estábamos todos por allí. Haciendo los metros de rigor para calentar... con más o menos frío y las consecuentes dudas de si salir con manguitos, chalecos, etc, saludos y a buscar el arco de meta. No llegábamos a 200 corredores en total, así que... prácticamente en la línea de salida. Bueno, con cuidadito en la salida, que el terreno estaba bastante resbaladizo.


Si antes lo decimos... en la primera curva saliendo del pueblo, donde hacía embudo, alguien señaló la dirección a seguir a los que venían detrás, le frenaron delante y se fue al suelo. Pues bien empezamos... pero no fue a mayores.
Despacito y buena letra para ir hacia Las Lomas por el camino de la Trabina, subiendo... claro, no vamos a faltar a la tradición de enfrentarnos a un costerón nada más salir.
Pero (siempre hay un pero, aunque esta vez es bueno) en esta ocasión teníamos una temprana sendita, llegados al alto de la Sarteneja, que nos acercó casi a la cabecera del barranco de la Sangre de Cristo.




Vino genial tenerla tan pronto, porque ya podías preveer cómo se iba a comportar la bici con ese terreno húmedo, genial... para dejarla correr lo que hiciese falta. Pero cuando te salías de la línea o había algo más de piedra desnuda (que la había) aquello patinaba más de lo deseado... incluso con presiones más bajas, que muchos sacamos algo de aire antes de que el cronómetro empezase a funcionar.




Pista ancha y mira, detrás de la loma Batana estaba escondido el puntal de la Trabina (1 km al 8% de media), dando continuidad a la subida. Primera vez que pasaríamos por esa cumbre, aunque por caminos diferentes y también, primera de las dos veces que bajaríamos por la senda con las marcas del PRV-187 (Los Rubiales-Río Turia). No tan húmeda, rápida y con curvas abiertas enlazadas que poco hacían que tirases de frenos.




Cruce a la izquierda, ancho camino, meter piñones y a subir (fácil) hasta un punto donde volvían a aparecer las señales blancas y amarillas del PRV-187, junto con las blancas y verdes del Sl-CV62, llevándonos a una de las partes más bonitas del día, en la cabecera del barranco de las Balsillas.
Un single track de 2 km despejado, al principio es cierto que había que andarse con ojo con las resbaladizas piedras, pero el resto era una gozada... incluso las pocas horquillas eran salvables.




Con las piernas esperando acción, se cruzaba el barranco de Valdelagua, donde había un hombre que nos dijo: 'ánimo que os viene la subida'. Déjà vu. La imagen del año pasado de todo el mundo empujando la bici en el camino de los Rubiales... volvía a la mente. Llegaban esos 700 m al 15,5% de media, donde la primera parte, fresco, todavía se llevaba con dignidad, pero los últimos 200 metros que alcanzan el 20% de media te daban un buen sopapo en la cara. Exacto: a tirar de gemelos.



y sólo llevamos 10 kilómetros... Menos mal que luego estaba el primer avituallamiento y, si te daba la respiración, podías beber y pedalear algo más tranquilo por la senda de la Araña mientras se rodeaba el puntal del Losar para acabar al lado del barranco de Torrecilla y seguir su curso por otra senda preciosa, igual de rápida que la anterior, pese a esos 6 giros de casi 180º, que se dejaba paladear. Disfrutona.



El camino de los Rubiales nos esperaba abajo, unos minutos previos de poder echar mano al bidón porque, cruzado el puente sobre el barranco, se nos presentaba la subida larga de la jornada (3,5 km al 8,5% de media), constante, que acababa en el puntal de los Sobacos, donde estaban las mesas que la organización había puesto como segundo avituallamiento.
Se nos sacaba del camino de las Espartosas para hacer un descenso, pero no era más que una estratagema que nos llevaba a la parte baja de este camino, teniéndolo que remontar luego para llegar, por segunda y última vez, al puntal de la Trabina (esta vez por la cara Norte).



Pasada la caseta la caseta emisora y el vértice geodésico (1093 m), bajábamos por la misma senda que lo hicimos casi al principio de la marcha, con dos diferencias. La primera es que ya la conocías y te permitía ir un poquito más rápido. la segunda es que, casi al final, estaba apostado un grupo de personas que te jaleaba sin descanso cuando descubrían que eras del Doyoubike-PACOM. ¡¡Gracias!!


Esquivábamos ahora el alto de la Sarteneja por una trialera que precisaba algo más de técnica que las anteriores y que nos acercaba al camino de la Burguesa, para que nos metiésemos de lleno en el sendero local SL-V22, para mi, la parte más entretenida del día.
A medida que descendías por el barranco del Tornajuelo y del Regajo, te encontrabas con toboganes, que si un escalón, que si un paso por roca, ahora por terreno casi encharcado, luego que si hierba, paso por bancales, charcos... de tot un poc.





Lo realmente divertido vino al tener que badear dos veces el barranco del Regajo, una vez a cada lado del puente bajo la CV-35 y siempre gracias a tablones colocado por la organización. A la salida del primero teníamos un interesante trocito de lodo rojizo arcilloso que se quedaba pegado como si no hubiera un mañana... Yo tenía semejante mazacote en las cubiertas, que pídeles tú que subieran el rampón de salida. A empujar de nuevo.
Por suerte antes del siguiente muro (50 m al 20% de media) se limpiaron algo, pero (siempre hay un pero) aunque no había barro, tampoco había fuerzas jajajaja. Un empujoncito y de cabeza al camino viejo del Collado de Alpuente.


Tramo que hacía pupa en las piernas... más todavía viendo el pueblo a la izquierda y que en todos los cruces de caminos, las marcas de cal te seguían marcando recto. Nada de torcer. Súmale el vientecillo de cara y que en esos dos kilómetros el camino picaba hacia arriba y ya tienes la combinación perfecta para estar deseando acabar.




Por fin nos dejaban caer hacia Aras. A más de 35 km/h el característico muro de piedra seca que nos encajonaba, era la antesala del arco de meta. Ganado. Sudado. Sufrido... y con aplausos en la meta, ¿¿qué más se puede pedir??.



Quizás un poquitito de Sol mientras dábamos cuenta del catering en el frontón... Poco a poco todos, insisto, todos cumplimos con el trámite de la retirada del dorsal. Especial mención a Martín que acabó cruzando el arco pese a arrastrar dolores por la caída del día anterior.
En definitiva, ir haciendo tiempo recibiendo a los compañeros en meta, haciéndonos fotos, comiendo... hasta que nos llamaron al podio por haber sido el segundo club con más corredores ¡ole!



Por cierto, que así es como quedamos:


Gracias y muchas a quienes provocan la envidia entre los otros corredores por el apoyo que nos dan antes, durante y después de la prueba y también a DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankers, Talleres Gonzalo y digitis.

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Si quieres ver las fotos de la prueba, las tienes en este álbum de GoogleFotos: enlace.

Aquí puedes descargar el track de la marcha.



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Crónica de Paco Pérez.
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