viernes, 2 de noviembre de 2018

Un ratito por Chelva


Sábado muy de madrugada, todavía de noche, con fresco y empezando a llover. Anda que no hay que tener ganas para salir del calentito amasijo de sábanas, enfundarse el maillot e ir a pedalear a Chelva.
Sea como fuere, cada cual hizo lo que su cuerpo le dio a entender y acabamos cargando las bicis Luis, Ismael, un futurible del Club como Guillermo, Alessandro (nuestro Erasmus) y yo. Con Gerard y Ramón nos uniríamos ya en el pueblo.



Tras esquivar el mercado y callejear por Chelva, nos juntamos los siete (¿magnificos?) a orillas del Tuéjar. No llovía... ya lo hizo durante el camino, pero se veía que el terreno iba a estar algo más que húmedo. Pues al lío. Volver a descargar las bicicletas, ataviarse, foto de rigor ahora que estábamos frescos  y ¡caballeros, a sus monturas!



El trazado en sí era el que siguió en 2015 la Marcha BTT de Chelva, así que sabíamos que nos encontraríamos un poquito de todo. Eso sí, nos quitamos el salir desde las mismas calles del pueblo. Bueno por lo de no perderse entre calles a las primeras de cambio. Malo porque empezábamos directamente en la primera subida interesante (1 km al 9,6% de media). No era otra que cruzar el río y tirar hacia la ermita de San Cristóbal por ese asfalto mojado del camino del Puente Barraquena. ¿Ya no hacía tanto calor, ¿eh?



En estas que empezamos a remontar el barranco de la Puerca y, como era previsible, el asfalto se acabó. Muy ancho el camino de Bercuta que seguía ascendiendo pero de una manera bastante llevable, permitiendo la charla... y ya sabéis que si se puede hablar es que se puede apretar un poco más.
Casi donde el barranco del Tollo se une al de la Puerca, nos desviamos a la derecha, hacia la casa de los Toribios, entre campos, donde ya se intuía un cambio en la pendiente, coincidiendo con la llegada a la cabecera del barranco que veníamos siguiendo desde hacía varios kilómetros... 5,5 ascendiendo, exactamente.



Una senda cortita rompía un poco la monotonía de subir y subir y subir... Ojo, porque los discos estaban húmedos por las primeras gotas que empezaban a caernos y, además de sueltas las piedras resbalaban.
Nada. Un espejismo. Tocaba seguir hacia arriba y bien arriba, porque nos esperaba la cota más alta, la del Cerillar (946 m) con su vértice geodésico.
Tres kilómetros (7% media) y unas vistas espectaculares de parte delantera del embalse de Benagéber como premio... eso y ver la enorme rapaz dar vueltas a nuestra llegada.



Resguardados del viento y de las últimas gotas, sacamos unas cuantas fotos y aprovechamos para comer y estudiar lo que, en el gps, estaba marcado como bajada. Se intuía el lugar por donde deberíamos tirarnos... Pues era todo lo que necesitábamos saber. masticar un poco más, beber y a continuar.



Empinado y suelto inicio de senda que hacía asomar algunas dudas. Y como de valientes están los cementerios llenos, despacito y buena letra, que ya mejorará más adelante (o eso esperábamos).



El camino que nos llevaba al barranco de Peñafiel, había vivido tiempo mejores. Se nota que hacía mucho tiempo que por allí no pasaba nadie. No ya por lo lavado del terreno debido a las últimas lluvias que dejaba piedras considerables a la vista, sino que la maleza se adueñaba de la línea a seguir... bueno, a veces no se veía ninguna línea de trazada para ser sincero, pero llegamos mejor que peor al collado de Bercuta.



Tres mil metros de enlace por el camino de Chelva a Benagéber hasta llegar a las faldas del puntal de la Cañada de Barchel con unas pinceladas de sendas, esta vez limpias, entre pinos y serpenteante que, para mi, se me hizo corta.
No nos dio tiempo de pensar mucho en ella, porque cuando nos dimos cuenta nos encontramos con el charcazo que nos metió dos kilos de barro a cada uno. A la antigua: un palo y a quitar lo que se pudiese para seguir rodando.



Un poco más ligeros atravesamos la pedanía de Bercuta, dejando atrás la ermita de la Presentación y la comodidad del trazado del GR-7, para torcer hacia la Hoya de Bercuta y buscar el camino del Morrón, pero antes, por nuestra izquierda un corzo salió de la nada y se nos olvidó durante un rato que estábamos de nuevo subiendo y con esas, estábamos ya al inicio de una bonita senda de bajada.



Descenso merecido y disfrutado, creedme. Necesario para descargar las piernas y ponernos a rodear la última dificultad de la mañana: el cerro del Tollo (así se llama esta parte Ismael).



Cuando enlazamos con el GR-7 de nuevo sólo tuvimos que dejarnos caer el 90% del tiempo, regresando a Chelva por el mismo camino que habíamos hecho para cerrar la jornada.



Tocaba otra actividad importante: ¡el almuerzo! Así que cargamos las bicis (no penséis que a estas alturas íbamos a subir al pueblo pedaleando), nos cambiamos y fuimos a un bar recomendado por Ramón que, dejándonos en la mesa, se fue a por embutido local para él y otros dos envidiosos jajajaja



Muy buena mañana de sábado, para qué decir otra cosa. Así da gusto... y por muchas más que vendrán.
Gracias a DoyoubikePACOM SystemsEdetania Personal Bankers, Talleres Gonzalo y digitis, porque también tienen la 'culpa' de que pasemos estos buenos raticos.

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Si quieres ver las fotos de la salida, las tienes en la galería.
Y este es el vídeo que se ha currado Gerard:




Aquí puedes descargar el track de la salida.



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Crónica de Paco Pérez.
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