domingo, 28 de mayo de 2017

Los 10000 del Soplao


No sé cómo llegó a mi el enlace de la primera película oficial del Soplao, pero me impresionó. Llevaba muy poco tiempo en la bici, era el año 2014, y pensé que sería increíble poder participar en algo así...y aquí estoy, jueves 18 de mayo a las 17 horas con el coche cargado, los niños ‘empaquetados’ con los abuelos y mi mujer de copiloto, rumbo a Cabezón de la Sal. Han sido meses de preparación, no todo lo intensa que hubiera sido necesario, pero aún así, me encuentro como nunca y mi único objetivo es disfrutar de la experiencia.
Hacemos noche en Zaragoza y el viernes por la tarde llegamos a Cabezón de la Sal. El ambiente en el pueblo es impresionante. El total de participantes entre todas las disciplinas (casi 10.000) supera el número de habitantes del pueblo. Docenas de voluntarios, el parque lleno de carpas, bikers, andarines, ultras...un festival.
Tras recoger el dorsal y pasear por la zona decido volver al hotel y salir media horita a activar por la carretera que recorre el valle de Cabuérniga. Ducha, cena ligera, comprobar por enésima vez la ropa y la mochila y a dormir. Es extraño, pero no estoy nervioso…

5:15 de la mañana y ya estamos en pie. Hay que desayunar bien y con tiempo. Uf, está muy nublado y en el foro los madrugadores dicen que llueve en Cabezón…por algo le llaman “el orinal de Cantabria”. No estaba previsto, pero voy preparado para casi todo.
Cargamos el coche y a las 7:15 aparcamos. Unos 4.500 bikers y más de 2.500 andarines de la ruta a pie se agolpan por la calle principal del pueblo y las adyacentes. La lluvia es fina, pero obliga a ponerse el chubasquero. Hace fresco y la espera tensa los nervios. Finalmente, a las 8 suena ‘Thunderstruck’ de AC/DC y se da la salida.

Salimos de Cabezón por la carretera en dirección sur para coger el desvío a San Vicente del Monte. Se rueda muy ligero por la carretera, pero pronto se forma un tapón en las primeras rampas de San Cibrián, en el kilómetro 3. Medio puerto lo hacemos empujando la bici, pero el ambiente es muy bueno y vamos hablando unos con otros y pronto podemos subir a la bici y coronar a pedal. Enseguida el puerto de San Vicente del Monte, que podemos hacer subidos, y después el Alto de Carrancias, en el km. 19.
Hasta ahora estas tres tachuelas apenas han supuesto dificultad, al margen de alguna rampa dura, pero en el kilómetro 24 nos espera la subida a La Cocina, uno de los puertos famosos del Soplao. La subida es corta, con hormigón rayado y asfalto, con una pendiente media del 12% y un par de rampas muy duras. Conviene regular y no tratar de seguir ruedas más rápidas, esto es muy largo y luego se puede pagar.
Nada más coronar, tras un falso llano se inicia la subida a las Cuevas del Soplao por un tramo de carretera de unos 4 kilómetros. El desnivel no es exigente y la subida se puede hacer a buen ritmo. Las vistas son espectaculares, hacia el norte se puede ver San Vicente de la Barquera y el Cantábrico entre montañas cubiertas de vegetación. Al coronar nos espera el primer avituallamiento, abarrotado por bikers reponiendo fuerzas. Estamos en el kilómetro 30 y ya acumulamos 1.200 metros de desnivel.


Tras una parada rápida iniciamos la bajada hacia el pueblo de Celis. Posiblemente es la bajada más complicada del día, ya que se trata de una pista bastante rota en la que prácticamente hay una única trazada buena. Son 4 kilómetros de bajada que no permite descanso y que nos deja en el pueblo de Celis, donde hay mucho público animando.
Seguimos durante 10 kilómetros de falso llano por la carretera que une Celis con Carmona, donde tomamos un desvío hacia el diminuto pueblo de San Pedro, donde la organización ha metido como novedad un tramo de subida corto (320 metros) pero con rampas del 25%. Al final, el tramo nuevo enlaza con la famosa subida de Monte Aa, de casi 3 kilómetros con un 10% de media y varias rampas del 20%. La bajada de Monte Aa es rápida y muy limpia, aunque no exenta de riesgo. A estas alturas ya he visto varios compañeros siendo atendidos por médicos, así que no se puede bajar la guardia.
Llegados al avituallamiento de Ucieda hemos superado el primer tercio de la prueba. Los números son serios, ya llevo 61 kilómetros y casi 2.000 de desnivel. Pero el ánimo está alto y las piernas van respondiendo, a pesar de que los 6 puertos que llevamos tenían algunas rampas muy duras. Tan sólo me molestan los riñones, pero estiro un poco y tras comer algo y reponer bidones, continúo llaneando camino de uno de los gigantes de la jornada.


La subida a El Moral se inicia por una pista que discurre por un frondoso bosque. Junto a la pista está el sendero por el que también empiezan a ascender los participantes en la ruta a pie (50km con 2200+). Es una de las subidas más largas del día, casi 12 kilómetros al 6,3% de media, con varias rampas muy largas por encima del 9%. Es cosa de tomarlo con calma, coger un ritmo fácil de mantener y disfrutar del paisaje. A estas alturas de la carrera llevo 6 horas encima de la bici y los riñones ya empiezan a ser un problema.
La subida al Moral me lleva 1h40’, pero corono sin sufrir en exceso. Arriba el viento te deja helado y apenas paro un par de minutos a rellenar bidones. La bajada es espectacular, por una pista en buen estado que permite ir muy rápido. Son 10 kilómetros en los que no te puedes relajar, hay muchas curvas cerradas con grava suelta que provocan varias caídas.
La bajada acaba en la carretera que va hacia Bárcena Mayor y que va picando hacia arriba. En el avituallamiento de Bárcena ya llevamos 91 kilómetros y 2.800+. Trato de estirar, pero el dolor de riñones ya empieza a ser muy intenso y aún quedan 73 kilómetros con 2.000+, con la subida a Cruz de Fuentes a continuación, la más larga con 14,5 Km. De piernas voy bien, pero ya son 8 horas encima de la bici y quedan no menos de 5, así que decido volver por la carretera a Cabezón y completar el recorrido ‘Bronce’, más vale llegar entero que penar durante horas sin garantía de finalizar.

La entrada a Cabezón es espectacular. El público en las vallas aplaude y grita a los bikers, andarines y ultras que entramos en el pueblo. Cruzo la meta tras 9h17’, con 120 kilómetros y 2.901 metros de desnivel acumulado. Entero y muy satisfecho, tanto por cómo me he encontrado durante la prueba como por el trabajo de los meses anteriores. Analizando a posteriori creo que es probable que la hubiera acabado, pero quizá no la habría disfrutado como lo he hecho.
Una cosa tengo clara, en cuanto se abran las inscripciones me apuntaré. La experiencia ha sido única y hay que repetirla…y acabarlo.

¡Nos vemos en el Infierno Cántabro el próximo año!

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Crónica de César López
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