jueves, 16 de noviembre de 2017

Esto se acaba: Aras de los Olmos


Penúltima cita del calendario del Circuito Serranía BTT a la que fuimos 18 madrugadores (lástima de Alberto Peyró que fue baja de última hora), con la idea de hacer más visible la marea verde en Aras de los Olmos.
¿En juego? Afianzar más si cabe esa tercera plaza en la clasificación general por equipos. Y vaya si se consiguió.
La guinda del pastel fue la excelente prueba que disputaron Joseph, Arturo, Rado, Xeni y Rafa, quedando entre los 50 primeros. Una pena que a Nico se le escurriese entre los dedos ese Top50. Por muy poco. Además 'Salobre' y Ramón hicieron 2º y 3º, respectivamente, en categoría Veteranos.




Al lío. 230 bicicletas listas para tomar la salida a las 9:30. Bastante inquieta se veía a la gente, por cierto. No había nadie quieto. La culpa la tienen esos 9°C, algo de viento y que el arco de salida estaba a la sombra. ¿Y los modelitos? Debe ser que era la primera marcha con fresco en mucho tiempo y cada cual hizo la combinación que estimó oportuna: de verano y como si no pasase nada (valientes), corto abajo y manguitos, corto+chaleco+manguitos, largo y paravientos, corto y chaqueta... la Pasarela Cibeles.
Salida y a entrar en calor lo antes posible



Inicio ordenado hacia el camino del Molino del Marqués y luego por el Cordel de Castilla. Unos 2,5 kilómetros de subida rodeando Las Lomas; llevadero. Sorprendía una parte de llaneo y más todavía la primera senda de bajada hacia el Barranco del Cristo. No es habitual encontrarse un regalito así tan cerca, lo que, bueno, podía hacer que te confiaras. Más vale que no, porque, como en una encerrona, te las tenías que ver a continuación con la pared (1 km al 8% de media) del puntal de la Travina.



Más alto ya no se podía subir, así que la única opción era tirar hacia abajo. En este caso, siguiendo las marcas del PRV 187 (Los Rubiales - Río Turia) por una senda y, luego, por el camino del Navajo del Sastre a buscar la cabecera del barranco de las Balsillas.
Preciosa senda la que seguía su curso. Rápida, serpenteante, ideal para dejar correr la bici. Poco se tocaba el freno, salvo en las horquillas... pero terminó el descenso, prácticamente en el cruce con el barranco de Valdelagua, donde había que cambiar desarrollo porque el terreno empezaba a picar hacia arriba.



¿Picar? Eso fue como meterse en un avispero. Tras una curva a derecha, el camino de los Rubiales empezó a ganar pendiente sin descanso, convirtiendo la prueba en una procesión de sufridos (que no arrepentidos) ciclistas empujando literalmente sus bicis, con el poco agarre que te dan tus zapatillas en la gravilla. ¡700 m al 15,5% de media! Locura. Vendría a continuación otro tramo de 500 m al 9% de media que, tras lo pasado, hasta se hizo llevadero... y con el primer avituallamiento en el km 10 (¿sólo llevamos 10?), más.
Hasta el corral del Losar fue prácticamente llanear con tendencia hacia abajo y, tras una testimonial subida, encarando el puntal de Lostal, empezamos una nueva senda cercana al barranco de la Torrecilla. Y qué senda.



Un 'single track' de los más rápidos que hay el circuito: 1500 metros entre pinos, con sólo 6 horquillas, que te permitían lanzar la bicicleta tan rápido como te atrevieses. Valía dejar hueco con quien llevases delante para disfrutar plenamente de esta parte (y no solo por no ir tragando polvo). Eso era lo que comentaba la gente cuando llegamos, de nuevo, al amplio camino de Rubiales.



Y puesto que ya habíamos dado cuenta de la bajada más larga y estábamos tan contentos, ¿qué nos prepararon? Eso es: la subida que, puede, echases de menos al principio de la marcha. Pista ancha (camino de Las Espartosas), sin descansos, constante (3,5 km al 8,5% de media), de las de ir a tu ritmo y con unas preciosas vistas. Todo menos pensar que tras la próxima curva seguirías acumulando desnivel.
Y poquito a poco terminamos en el puntal de los Sobacos, con el segundo avituallamiento esperando para poder rellenar bidones.



El pequeño descanso que vino a continuación, era necesario aprovecharlo al máximo porque pasado el corral de la Cañada había que empezar a pensar en poner desarrollo corto y, tras un giro de casi 180º, afrontar la subida (otra vez) al puntal de la Travina, pero esta vez por la cara Norte, llegando a la caseta emisora y al vértice geodésico que marcaba el punto más alto de la jornada: 1093 m.



Volvimos a bajar el puntal por la misma senda que utilizamos cuando subimos por primera vez, pero esta vez nos fuimos hacia la derecha, rodeando el alto de la Sorteneja hacia el barranco del Carril, por una trialera más pedregosa de lo que habíamos bajado hasta ahora, pero tampoco excesivamente técnica.
Lo importante es que acabaríamos en el camino de la Burguesa, punto de inicio de la (quizás) parte más divertida de todo el trazado.



Pasada La Buitrera se nos sacaba de la pista casi por el trazado del SL-V22 en donde sí que había que echar mano de cierta técnica. Yo tuve la suerte de llegar a gente delante que iba cantando las peculiaridades del terreno (mil gracias) y lo hice más rápido de lo que lo hubiese hecho solo. Escalones de todos los tamaños, giros cerrados, toboganes y repechones... todo bien concentrado.
Pero la cosa siguió por el barranco del Tornajuelo y el del regajo; según dijeron, tramo nuevo para evitar el asfalto de la CV-35, carretera que tuvimos sobre nuestras cabezas al pasar bajo un puente, poco antes de intentar, recalco lo de intentar, superar un rampón en curva (50 m al 20% de media) y torcer por el camino viejo del Collado de Alpuente.



Pudiera parecer que ya estaba todo finiquitado, pero nada más lejos de la realidad. Con la visión de las casas de Aras de los Olmos a nuestra izquierda, quedaban por cubrir unos dos kilómetros ascendentes y con viento en contra, sin protección alguna que parecieron ser el doble. Y cuando hicimos el giro a derechas, ya apuntando claramente al pueblo y descendiendo, tampoco podías relajarte, porque el viento pasó a ser de costado y, realmente, había que estar atento.




Ya en las Quinchas, el camino por el que íbamos rodando se fue estrechando a la vez que aparecían dos muros de piedra seca que lo delimitaban, encajonándonos progresivamente; incluso llegó un momento en que el espacio disponible era poco más ancho que el manillar de la bicicleta. En mi opinión de las entradas/finales más peculiares de todas las marchas de Serranía.



¿Qué vino después? Pues el paso por la línea de meta de los 17 que nos desplazamos a hacer la marcha... 17 y no 18 porque Carlos tuvo que abandonar por la rotura de la cadena en los kilómetros iniciales. Aun así, esperó la llegada del resto para compartir bocadillo, risas y anécdotas... como que Rado y Nico salvaron a una desconsolada niña que quedó atrapada por el pie en una portería del pabellón.



Y poquita cosa más, salvo la recogida del premio por ser uno de los clubes más numerosos... que ya van tres seguidas. Excelente trabajo el de todos: Tota pedra fa paret.




Con respecto a las clasificaciones, así quedamos:


Y no puedo terminar la crónica sin agradecer, como siempre, a nuestros patrocinadores DoyoubikePACOM Systems, Talleres Gonzalo, Prosolutions y Edetania Personal Bankers, por todo el apoyo que nos dan.

Hasta la próxima.

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Si quieres ver las fotos de la prueba, las tienes en la galería.

Aquí puedes descargar el track de la marcha.




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Crónica de Paco Pérez.
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